¿Qué hacemos para ponernos pantalones largos en nuestras exportaciones? O ¿nos resignamos a los pantalones cortos?

Cuando hablamos de desarrollo exportador, generalmente aparecen dos conceptos: Segunda Fase Exportadora y Política Exportadora, quizás el único factor que los une es que la realidad no existe o nunca se han materializado en la práctica.

La segunda fase exportadora fue acuñada al inicio de los noventa con la esperanza de convertir nuestra matriz exportadora plagada de Commodities, recursos naturales y algunos productos agrícolas de escasa elaboración, por el desarrollo de un sector manufacturero fuerte, que transformara los anteriores, en productos de alto valor agregado, con componentes de innovación e investigación científica. Es decir, entraríamos en las grandes ligas de la competitividad a nivel mundial y por supuesto sería nuestro pasaporte sin retorno al tan deseado Desarrollo.

Sin embargo, después más de tres décadas, observamos que la idea envejece mal, los gobiernos de turno parecen no entender o no dan importancia a este cambio de fase de desarrollo y el sector privado exportador dominante, no tiene intención de salir de su zona de confort que, en todo caso, ha generado muchas utilidades a un puñado de empresarios que el valor agregado basado de innovación, investigación y desarrollo no es una necesidad para consolidar sus posiciones económicas adquiridas.