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Viernes 19 de Enero de 2018
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Tras treinta años de expansión sin precedentes, el comercio mundial está experimentando un periodo de cambio radical. ¿Es la desaceleración un fenómeno cíclico o estructural y de larga duración?

Es la gran interrogante dado que el comercio mundial todavía se ve afectado por los efectos adversos de la crisis. Aunque es poco probable un retorno a niveles previos a la crisis, porque existe potencial para el crecimiento.

Desde la crisis económica de 2008-2009, el ritmo de crecimiento del comercio internacional se ha ido desacelerando lentamente, afectado principalmente por una caída sostenida en el crecimiento mundial. La desaceleración estructural y temporal de las mayores economías emergentes es especialmente perjudicial para el comercio mundial, cuyo desarrollo está estrechamente vinculado con el auge en sus exportaciones. Un segundo factor negativo de la crisis es la caída en la demanda de las materias primas. Entre las principales economías emergentes, aquellas en las que el crecimiento de las exportaciones mundiales fueron más fuertes a mediados de 2014 fueron Polonia, Rumania, India y Filipinas que vendieron principalmente bienes manufacturados, y no materias primas.

El decepcionante comportamiento de las exportaciones de un  gran número de países coincide con un aumento del proteccionismo, que está dificultando los intercambios comerciales. Ejemplo de ello es Argentina, Rusia, e India, países que introdujeron cada uno más de 250 medidas entre julio de 2008 y julio de 2014. Casi dos veces más que los Estados Unidos, Alemania, Francia, Reino Unido e Italia. Rusia, en lo que respecta a las recientes medidas adoptadas por su gobierno con el fin de prohibir las importaciones de productos agroalimentarios desde la Unión Europea, se ha convertido en el país más proteccionista.

Los efectos de la crisis en el comercio mundial se han acentuado por la creciente importancia, desde la década del 2000, de la internalización de los procesos de producción. Es precisamente este canal el que ha causado que la crisis de 2008-2009 se extendiera rápidamente al comercio mundial. El comercio de los distintos distribuidores que forman parte de las cadenas globales de valor cayó en un 25% en 2009. Todavía limitado, con la excepción de Asia, el comercio intrarregional no ha sido capaz de compensar los efectos de la crisis, a pesar de la proliferación de acuerdos para liberalizar el comercio. El comercio intrarregional, como proporción total de las exportaciones, es todavía bajo en la mayoría de las regiones emergentes: 11% en África, 20% en Latinoamérica, y 15% en los países Comunidad de Estados Independientes  (CEI).

Sin embargo, la aparente capacidad de recuperación de las cadenas globales de valor a la crisis sugiere perspectivas favorables de crecimiento a medio plazo. El margen de mejora parece considerable, gracias a una mayor integración de los países emergentes en estas cadenas globales. Como ejemplo, este es el caso de África. El aumento de la clase media asiática es probable que favorezca la creación de empresas en África, donde los costes de producción  dependen en gran medida de los costes de mano de obra.

“Sin embargo, Coface anticipando una aceleración en el crecimiento del comercio mundial de cerca del 5% en 2015, un nivel más alto que el observado en los dos años anteriores. Cuestión que beneficiará a las exportaciones chilenas y especialmente ahora con el mayor valor del cambio de la divisa”, explica Louis des Cars, CEO Coface Chile.

Ello por cuanto la caída en el crecimiento potencial de las principales economías desarrolladas y emergentes hace improbable que se observe un retorno a los niveles previos a la crisis en el crecimiento del comercio internacional. Sin embargo una tímida aceleración en el crecimiento y la continúa internacionalización de la cadena de valor sugieren que el crecimiento mundial del comercio aumentará en 2015.

Además de la tasa de crecimiento, la estructura del comercio también experimentará algunos cambios. La expansión del sector servicios en las economías avanzadas y emergentes es probable que  conduzca a una expansión similar en el comercio. La velocidad de este proceso dependerá en gran medida de la velocidad a la que se desarrolle la tecnología. Este desarrollo tiene una gran ventaja: tendrá probablemente unas fluctuaciones menos marcadas en el comercio mundial, dado que las variaciones en el sector servicios son generalmente menos pronunciadas que en la industria.

Estas previsiones llevan a Coface a asumir que, en los próximos años, el crecimiento en el comercio mundial será más modesto, pero también menos volátil, en especial en países cuyo crecimiento será sobre el 5%, que no implementan medidas proteccionistas y que mantengan una sana estabilidad política. Ello beneficia a los exportadores chilenos y al país en momentos de desaceleración económica, dado el impacto que tiene el sector agrícola en el desarrollo de la empleabilidad e ingresos para el país.

 

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